Verdaderos campeones

Verdaderos campeones

Cuando sale a relucir el tema del comportamiento antideportivo basta con retroceder a 1986, al famosísimo gol de la ‘mano de Dios’, uno de los ejemplos más inconfundibles de falta de honestidad e integridad deportiva. Pero lo que más sorprende es que este tipo de comportamientos aún continúa produciéndose.

Cuando se ven las cosas desde fuera es fácil criticar porque sólo piensas lo que tienes enfrente, lo que ves con tus propios ojos, y no tienes en cuenta otros aspectos del incidente en cuestión. Pero es que no se trata sólo de realizar un análisis inteligente y lúcido a posteriori, se trata de una auténtica reivindicación. Independientemente del hecho de que uno pudiera ser un seguidor de la selección inglesa, si yo fuera Manuel Neuer, el guardameta de Alemania en Sudáfrica, le hubiera hecho saber al pobre árbitro uruguayo que el chute de Lampard, efectivamente, sí cruzó la línea de la portería.

A diferencia de Alberto Contador, el máximo favorito para ganar el Tour de Francia, habría esperado a que Andy Schleck hubiera reparado la avería de la cadena de su bicicleta que se produjo casualmente en un momento crucial de la carrera, y no me hubiera aprovechado de la situación para conservar el maillot amarillo. Y sí, a diferencia de Felipe Massa  y/o Fernando Alonso, hubiera respondido a esa sútil observación por radio del ingeniero de Ferrari con total desobediencia y esperado a que el mejor piloto rebasase la meta bajo el halo de la bandera cuadriculada.

El pasado ha sido testigo de bellos y reconfortantes ejemplos de comportamientos totalmente opuestos. Por ejemplo el de Robbie Fowler que tras una frustrada jugada al contraataque, le señaló al árbitro que no había sido víctima de una falta dentro del área aventurándose a desaprovechar así, deliberadamente, el penalty señalado. Otro gran ejemplo fue el del equipo holandés de fútbol que permitió a su rival marcar un tanto libremente tras haberlo hecho ellos previamente aprovechando (aunque no adrede) que un jugador del equipo rival se había lesionado. Y es que estos ejemplos, en vez de ser la norma, se han convertido en casos excepcionales.

A lo mejor es mucho pedir en este mundo que parece sólo regirse por el dinero, los asuntos financieros, y los acuerdos de marketing multi-billonarios de las multinacionales. Un mundo en el que sólo se busca el beneficio y donde cada decisión profesional se toma en base a sus consecuencias económicas.

Pero quizás, por ser ese mundo el que está tomando las riendas de todos los aspectos del deporte, sea la causa por la que brillen estos particulares y solitarios protagonistas. Ese jugador, deportista o mujer sabe que hay algo más valioso que el mero hecho de ganar y que puede influir en los demás para que piensen de la misma forma. Quizás en el futuro veamos menos decisiones como la que hizo Lebron y más compañerismo, dignidad, honor y coraje, y podamos ver a los equipos o jugadores ganar de forma más honesta y deportiva.

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